Argentina

Sin embargo, como siempre pasa en las dinámicas históricas, hay quien resiste al invasor, sociedades que no han admitido tan bien los traumas derivados de la perdida de afección del aficionado a su colectivo y que no quieren, necesariamente, ver un espectáculo más que sentirse parte de lo que ven. Sin duda, el fútbol argentino es el gran ejemplo: cuando Racing Club se perdió la condición de club para pasar a ser una empresa, la red se llenó de comentarios jocosos de sus rivales, principalmente de Independiente, con un nuevo mote: RaSinClub. Ingenioso y clarificador a partes iguales. Para el aficionado del Chaca, por ejemplo, no es demasiado importante que su equipo juegue bien si mantiene la categoría y destroza a Tigre. El hincha “calamar” olvida sus penurias en la B cuando se encuentra con los “bichos colorados” y les endosa goleada. Así podríamos caracterizar a todos y cada uno de los clubes de argentina, que no responden a los indicadores comerciales y sí a la voz de sus socios, precisamente porque siguen siendo clubes en última instancia.
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En consecuencia, como pasa en cualquier nivel del capitalismo, los resilientes acaban cediendo ante los embates de los más adaptat
ivos, y los clubes argentinos han dejado de ser competitivos en su conjunto, pasando a depender excesivamente de una relación comercial desigual con los clubes europeos, caudillos de ese nuevo modelo de fútbol. Esto se ha visto reflejado en la selección, que cuenta con grandes productos que han sido vendidos a europa y que aquí triunfan, pero no son capaces de construir un modelo de selección ya que no existe un modelo de formación en sus clubes. Prima la cantidad de futbolistas “buenos” ante la calidad de los procesos formativos.
Para concluir mi análisis, decir lo obvio, Messi es el mejor jugador, para mí, de todos los tiempos, pero es un producto europeo en todos los aspectos. Jamás en Argentina podrá ser entendido, valorado ni correctamente utilizado.
Sobre Argentina en general no voy a comentar porque es algo sumamente surrealista que no tiene explicación racional, y no creo que fuera a aportar nada más a lo que ya han expuesto los demás foreros.
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Pero sobre Messi creo que ya por aquí algunos lo han aportado, que más allá que seguramente físicamente no está para muchas alegrías, es un tema mental.
Yo pienso que Messi está harto, totalmente harto de que se le exija que haga el partido de su vida cada día que juega con Argentina, y que aún así sabe que casi seguro que perdería igual. Eso destroza totalmente tu mente. Saber que hagas lo que hagas vas a perder igual con casi absoluta seguridad. Y que además los palos te los vas a llevar tu.
Lo que Argentina ha hecho con seguramente el mejor jugador de la historia no tiene nombre…

PD Croacia hoy por hoy le da cincuentas vueltas a Argentina en todos los aspectos. Como barcelonista me quito el sombrero ante Luka Modric. Uno de los últimos fenómenos del futbol que nos queda.

Argentina

Para mí, subyace tras el partido que vimos ayer: la decadencia del fútbol argentino.
No cabe duda de que en ese país el fútbol es religión, hay una pasión absoluta y, en muchos casos, los asuntos del balón pasan a ser cuestión nacional, especialmente si hablamos de la selección en un país tan nacionalista como este.
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En mi opinión, todo esto tiene que ver en última instancia con ese tema que tanto y tanto da que hablar, el verdadero leitmotiv del fútbol en las últimas tres décadas: el paso del fútbol tradicional hacia el que hemos venido a denominar el “fútbol moderno”. Llegado a este punto me gustaría dar el crédito al gran Axel Torres en su entrevista a Ecos del Balón de hace un año, en la que expresaba que el fútbol no solo no nació como negocio, sino que no nació como espectáculo (para mí lo segundo fue predecesor de lo primero sin lugar a dudas). El fútbol tiene su origen en el colectivo, en la pertenencia, incluso a micronivel en el colectivo que supone el propio equipo. El fútbol moderno, por el contrario, hace prevalecer esa idea de que el fútbol es un espectáculo como pueda ser ir al cine (y hay muchísimos ejemplos: los estadios cada vez más modernos y más pequeños que permiten elevar los precios reduciendo la oferta ante una gran demanda, la financiación a través de contratos televisivos en lugar de la aportación de los socios, la apropiación de los clubes por parte de empresarios…). En definitiva, desde que se implantó el modelo de las SAD, el fútbol ha abandonado su esencia para convertirse, porque no decirlo, en un vehículo más del capitalismo.
Sin embargo, como siempre pasa en las dinámicas históricas, hay quien resiste al invasor, sociedades que no han admitido tan bien los traumas derivados de la perdida de afección del aficionado a su colectivo y que no quieren, necesariamente, ver un espectáculo más que sentirse parte de lo que ven. Sin duda, el fútbol argentino es el gran ejemplo: cuando Racing Club se perdió la condición de club para pasar a ser una empresa, la red se llenó de comentarios jocosos de sus rivales, principalmente de Independiente, con un nuevo mote: RaSinClub. Ingenioso y clarificador a partes iguales. Para el aficionado del Chaca, por ejemplo, no es demasiado importante que su equipo juegue bien si mantiene la categoría y destroza a Tigre. El hincha “calamar” olvida sus penurias en la B cuando se encuentra con los “bichos colorados” y les endosa goleada. Así podríamos caracterizar a todos y cada uno de los clubes de argentina, que no responden a los indicadores comerciales y sí a la voz de sus socios, precisamente porque siguen siendo clubes en última instancia.
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En consecuencia, como pasa en cualquier nivel del capitalismo, los resilientes acaban cediendo ante los embates de los más adaptativos, y los clubes argentinos han dejado de ser competitivos en su conjunto, pasando a depender excesivamente de una relación comercial desigual con los clubes europeos, caudillos de ese nuevo modelo de fútbol. Esto se ha visto reflejado en la selección, que cuenta con grandes productos que han sido vendidos a europa y que aquí triunfan, pero no son capaces de construir un modelo de selección ya que no existe un modelo de formación en sus clubes. Prima la cantidad de futbolistas “buenos” ante la calidad de los procesos formativos.
Para concluir mi análisis, decir lo obvio, Messi es el mejor jugador, para mí, de todos los tiempos, pero es un producto europeo en todos los aspectos. Jamás en Argentina podrá ser entendido, valorado ni correctamente utilizado.