El despertar de Valverde

Federico Valverde tiene potencial. Mucho. Extraño sería que los entrenadores que formen parte de su trayectoria no sólo le hagan hueco en sus planes sino que no termine por llevarles hacia el fútbol que él siente y desarrolla, uno físico, técnico, moderno y protagonista, el que desempeña el jovencísimo centrocampista uruguayo del Deportivo de la Coruña. Incluso en un periodo de adaptación e intentando encontrar un acomodo en este arranque de temporada coruñés, el sudamericano goza de la confianza de Pepe Mel. Aún no está siendo lo que podría ser, pero si la idea toma forma, lo más importante, Valverde puede ser una sensación.
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Federico es uno de esos proyectos de todocampista que exhibe en cada toque una puesta en escena imponente. Su movilidad para empezar las jugadas abajo y terminarlas muy arriba, su amplísimo rango de pase, su arrancada en conducción -pasos cortos y explosivos aún gozando de buena envergadura- y su capacidad para el último pase le sitúan como un tipo capaz de jugar, o mejor dicho, de abarcar, muchísimos metros de terreno, siempre con el balón cerca. Pepe Mel hablaba recientemente de su punto de partida y su verdadero rol.
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“Es que Fede no juega en la banda, igual que Koke no juega en la banda, igual que Soler no juega en la banda, igual que Fornals no juega en la banda, igual que Kroos cuando juega ahí no juega en la banda. Fede tiene la libertad, cuando tenemos la pelota, con una serie de movimientos que trabajamos con él, de hacer superioridad numérica por dentro, y sólo va a banda por llamarlo así, porque él es interior, a la hora de defender. Creo que en los últimos tres partidos, cuando él ha jugado ahí, el Dépor ha ganado dos veces e hicimos muy buenos minutos en Cornellá. Creo que es un jugador que ahí nos puede aportar cosas y lo está haciendo”.
El Dépor está construyendo una idea que acoge a futbolistas de diverso ritmo e interpretación del juego, pero que en la forma, desde las posibilidades que le ofrece su plantilla, podría convertir a Valverde en una pieza tan importante como la que más. Seguramente sea un tema de confluir y coincidir. Valverde es un talento muy joven en una idea que busca también hacer pie pero que podría descubrir que todas sus características son las más adecuadas para que las desarrolle desde el interior. Las necesidades que su fútbol solicita pueden cumplirse.
La amplitud, con Luisinho y Juanfran bien arriba, los desmarques del ‘9’ para asistir en la frontal, sea uno o se haga dupla, la pared con Çolak, los pases cruzados rasos de Schär. Valverde no ha caído en una plantilla sin posibilidades que le obliguen a adaptarse a registros que desconoce. Es posible que la libertad de recoger el balón del mediocentro, con Borges, Guilherme y Mosquera en el pivote, sea la única complicación que pueda tener, nada preocupante a nivel posicional, pero sí que es algo a tener en cuenta viendo lo que ha demostrado sobre un campo de fútbol. El mediocampista uruguayo puede despertar en cualquier momento. Para ello, el Dépor también tiene que despertar porque cuanto más protagonista pueda ser el Dépor, más lo será Valverde.
 

Hack Trick de vida

Los capítulos que más sorprenden en la original historia de Messi y su Argentina son aquellos que en teoría no le corresponden al, para muchos, mejor jugador de la historia. El fútbol sudamericanoestá pintado con barro, y eso nos encanta, pero hay episodios que, de tanto pintarse, parecen hasta manchados. Jugar en Ecuador, contra una Ecuador “B”, uno de los partidos más importantes de la historia moderna de la albiceleste representa un gran ejemplo. El D10S del fútbol debía resolver una misión agónica sin su mayor capacidad: el juego. Porque jugar, en ese césped, a esa altura, y ante dicho rival, era imposible.
Ecuador “B” fue un equipo, si somos honestos, inolvidable. En cuanto al aspecto, sus hombres resultaban de lo más pecualiares, con fisionomías más acordes a deportes como el rugby o el fútbol americano que al que reina entre los latinos. Su estilo ofensivo, además, destacaba por su extrema verticalidad: la mayoría de los pases de los ecuatorianos eran envíos larguísimos a la espalda de la defensa de Sampaoli (Mercado, Mascherano, Otamendi, Acuña), hacia la que corrían los extremos-bala Ibarras (Renato y Romario) a toda velocidad. Era un espectáculo insólito.
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Expuesta su naturaleza, hay que reflejar que tanta extravagancia no era óbice para que la empresa implicara dificultad. La intensidad del reto era abrumadora porque los sprints de los atletas, por cantidad y velocidad, eran increíbles. Mascherano, por citar al más afectado, sufrió como pocas veces. Pese a su experiencia, le costó competir.
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Pero nos falta un rasgo por definir en el repertorio de esta Ecuador: su apabullante desorganización defensiva. Zona de mediocentros vacía, defensas de unos contra uno donde el zaguero giraba sobre su propio eje como una peonza y mejor no hablar del sistema de ayudas cerca del área propia, en virtud del cual los centrales llegaban a ponerse uno detrás del otro como formando una fila india. El 1-3 lo reflejó con exactitud. Y es que ahí estaba la puerta para que Argentina, que ayer, como no durante toda su vida, pero sí como durante toda esta fase clasificatoria, fue Messi y sólo Messi, consiguiese el objetivo.

Leo iba a gozar de pocas, porque Argentina no podría ser ni precisa, ni continua ni dominante; pero asequibles, debido a las pobres pautas defensivas de su oponente. Todo dependería de que las metiera para dentro. Y fueron tres de tres. El hat-trick de la vida. El que regala a Sampaoli, Dybala e Icardi seis meses para crear un sueño que, en este momento, no es ni pesadilla. Argentina, cuando duerme, no ve nada. Quizá nunca pareció menos candidata a una ganar una Copa del Mundo.

La desorganización defensiva local permitió a Messi llegar al gol.
Como dijo el gran Julio Maldonado en Twitter después del anterior partido de Argentina, a pesar de que Leo no consiguió convertir gol alguno. Argentina son Messi y diez más.
Por eso es difícil creer en esta Argentina para el Mundial. De las teóricas candidatas… parece la que menos tiene ahora mismo. Pero bueno, hay seis meses para cambiar esa perspectiva.

Hack Trick de vida

Los capítulos que más sorprenden en la original historia de Messi y su Argentina son aquellos que en teoría no le corresponden al, para muchos, mejor jugador de la historia. El fútbol sudamericanoestá pintado con barro, y eso nos encanta, pero hay episodios que, de tanto pintarse, parecen hasta manchados. Jugar en Ecuador, contra una Ecuador “B”, uno de los partidos más importantes de la historia moderna de la albiceleste representa un gran ejemplo. El D10S del fútbol debía resolver una misión agónica sin su mayor capacidad: el juego. Porque jugar, en ese césped, a esa altura, y ante dicho rival, era imposible.
Ecuador “B” fue un equipo, si somos honestos, inolvidable. En cuanto al aspecto, sus hombres resultaban de lo más pecualiares, con fisionomías más acordes a deportes como el rugby o el fútbol americano que al que reina entre los latinos. Su estilo ofensivo, además, destacaba por su extrema verticalidad: la mayoría de los pases de los ecuatorianos eran envíos larguísimos a la espalda de la defensa de Sampaoli (Mercado, Mascherano, Otamendi, Acuña), hacia la que corrían los extremos-bala Ibarras (Renato y Romario) a toda velocidad. Era un espectáculo insólito.
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Pero nos falta un rasgo por definir en el repertorio de esta Ecuador: su apabullante desorganización defensiva. Zona de mediocentros vacía, defensas de unos contra uno donde el zaguero giraba sobre su propio eje como una peonza y mejor no hablar del sistema de ayudas cerca del área propia, en virtud del cual los centrales llegaban a ponerse uno detrás del otro como formando una fila india. El 1-3 lo reflejó con exactitud. Y es que ahí estaba la puerta para que Argentina, que ayer, como no durante toda su vida, pero sí como durante toda esta fase clasificatoria, fue Messi y sólo Messi, consiguiese el objetivo.
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La desorganización defensiva local permitió a Messi llegar al gol.
Como dijo el gran Julio Maldonado en Twitter después del anterior partido de Argentina, a pesar de que Leo no consiguió convertir gol alguno. Argentina son Messi y diez más.
Por eso es difícil creer en esta Argentina para el Mundial. De las teóricas candidatas… parece la que menos tiene ahora mismo. Pero bueno, hay seis meses para cambiar esa perspectiva.

Que tan importante son los Silva

La campeona de Europa selló su pase para Rusia con un partido paradigmático en fondo y forma de lo que viene representando con Fernando Santos. Los lusos realizaron un encuentro calmado, paciente y seguro, en el que, poco a poco, con el pasar de los minutos, dejaron a Suiza sin argumentos. Si bien el colectivo portugués marca su identidad, los dos escuderos de Cristiano Ronaldo, cada uno siendo muy diferente, derrotaron a Suiza. André Silva y Bernardo Silva dotaron a Portugal de un juego interior y una amenaza en el remate idónea para afrontar defensas cerradas sin tener que exponerse demasiado.
No obstante, de entrada, Suiza compareció. Y lo hizo mediante el talentoso Fabian Schär.
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El central del Deportivo anuló y deshizo la presión portuguesa con su habitual creatividad en salida de balón. Con su magnífica diestra, Schär fue saltándose estaciones, eliminando líneas del rival o presiones sobre sí mismo. Pases diagonales, cambios de orientación y conducciones para crear espacios atrayendo a los medios. Suiza pudo así cruzar la divisoria, colar a Lichsteiner y Ricardo Rodríguez arriba e intentar poner nerviosa a una Portugal que buscaba robar arriba para adelantarse.

Desajustes con su presión antes que con una elaboración asumida, lo que no está reñido con poder jugar con tranquilidad en ataque organizado. Para conseguirlo, entró en escena Bernardo Silva. El zurdo citizen fue asumiendo recepciones una detrás de otra, guardando la pelota, llamando a Cedric y a Moutinho, después a un Cristiano acostado a la derecha, para sumar compañeros y colocar a Suiza sobre la frontal. Sus decisiones fueron decisivas, pues fue la respuesta natural al dominio de Schär y Xhaka. Les quitó protagonismo, puso a su equipo arriba y, si bien los centros laterales no llevaron peligro, Suiza se quedo quieta.
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El contrapunto fue André Silva, un tipo que ha caído de pie en la selección lusa y que supone para Santos esa figura a medio camino entre el rematador eficaz y el atacante móvil que puede ayudar a hacer jugadas de gol. Si Bernardo es el juego entre líneas y la superioridad por dentro, Silva suma la profundidad y la presencia, en presión y remate, que complementa los movimientos de Cristiano Ronaldo. Portugal tiene en ellos pilares fundamentales para continuar sumando éxitos en el próximo verano.

Yo sumaría a la lista a adrien silva, una pena lo de su transfer al leicester, le va a sentar muy mal estar hasta enero sin jugar, veremos si es capaz de recuperar el nivel para estar en la lista definitiva para el mundial. A esa duda hay que sumarle el potencial crecimiento de cancelo y las condiciones en las que llegue guerreiro al mundial, pero si todo sale dentro de “lo mejor posible” sin ser una de las favoritas seguro que va a dar mucho que hablar

Bernardo Silva fue la respuesta a Fabian Schär
Espectacular partido de Bernardo Silva creo que su potencial es realmente asombroso y puede ser un digno heredero de David Silva en el City

Pachanga clásica

Barrigas ya indisimulables, calvitas incipientes, sobrecargas en el gemelo, dolores de espalda y cinturas de hormigón. El panorama suele ser recurrente y común. El fútbol aficionado, ese que jugamos tú y yo cuando nuestra rutina cotidiana nos concede un hueco, no entiende de lujos, solo de pasarlo bien en la medida en la que nuestra edad nos lo siga permitiendo. Es el fútbol intersemanal que se juega sin público y sin coros rimbombantes acompañando a los equipos al salir del vestuario. El que se juega en ese espacio en el que los problemas no se solucionan pero sí que desaparecen durante un par de horitas. El de pantalones y camisetas sin combinar, en un caos estético magnífico, pero permisible y entendible. El de un delantero luciendo la canarinha y un defensa vestido de Sergio Ramos, como queriendo decir algo al rival por el simple color de su indumentaria.
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Vestir uniformado en las pachangas, esa quimera. Lucir los mismos colores que el resto de tus compañeros. Poder distinguirlos con un simple vistazo y sin miedo a confundirlos con un rival. Quizá no sea tan complicado, después de todo. Y quizá no sea necesario evitarlo tirando de la planicie de un insípido catálogo de equipaciones deportivas. Tal vez puedas conseguirlo brindando un poco de personalidad y carácter a tu equipito.
Prueba a vestir los colores del Burnley. Orgullo obrero de Lancashire derrochado por ese polideportivo de L’Hospitalet o esa cancha municipal de Alcorcón por menos de diez euritos y disponible, a día de hoy, en tallas para todos.

Piensa en lo inmensamente feliz que harías a Deila Smith si llegase a saber que todos los jueves, a eso de las nueve de la noche, y a dos mil kilómetros de Norfolk, un grupito de treintañeros consagran su amor por el fútbol ataviados con la equipación del Norwich City. Sin necesidad de gastar más de doce euros.

Puede que lo vuestro sea más la búsqueda del exotismo. Innsbruck, capital del Tirol. Al cobijo de las montañas estuvo algunos años el mítico Iñaki Bea enseñando aquello del patapum p’arriba a los tiernos mozalbetes del Wacker Innsbruck y, bueno, haciendo alguna otra cosilla más por allí. Que su huella se extienda por la piel de toro, de pachanga en pachanga, haría sentir especialmente orgulloso al hoy segundo entrenador del Eibar.

Asombrados se iban a quedar los rivales de turno cuando, en lugar de una colección inconexa de camisetas del Décimas, se encontrasen frente a frente con el elefante de Aníbal que da identidad a la ciudad de Catania y sirve como símbolo de su equipo de fútbol. Desde el mismísimo pie del Etna hasta el Polideportivo Municipal de Tres Cantos. Lucir los colores del equipo siciliano no debería llevar aparejado, eso sí, el uso de sus mismas artimañas.
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¿Hay algo más imponente que una gran estrella roja de cinco puntas en la pechera? Si encima vistes a tu equipo como el club representante del ejército búlgaro, pocas vías de intimidación más efectivas se me ocurren. Glorioso tras el Telón de Acero, el CSKA Sofía languidece hoy en el campeonato búlgaro y trata de recuperarse de una fortísima crisis financiera. El momento ideal para que una pandilla de desarrapados entrados en años dignifique su escudo.

Son solo algunos ejemplos, todos ellos por menos de quince euros y disponibles en todas las tallas, con los que podrías vestir a tu equipo esta misma temporada. Pero no son las únicas opciones. En el abrumador catálogo de Classic Football Shirts, la tienda online especializada en camisetas de fútbol de todo el mundo, podrás encontrar muchísimas más.

Adoptando símbolos ajenos

¿Imaginan al Bayern, al Arsenal, al Milan o al FC Barcelona cambiando su escudo tradicional por imperativo contractual con alguno de sus múltiples patrocinadores? ¿Visualizan lo que sería el escudo azulgrana, por ejemplo, con la gran R roja de Rakuten superpuesto sobre la cruz de San Jorge? ¿Y los cuatro aros de Audi engarzados en la bandera de Baviera del escudo del Bayern? Lo que hoy en día, y a esos niveles, nos parece algo impensable y sería tachado poco menos que de insulto sobre la identidad y la memoria de la institución transformó para siempre la imagen de un modesto club de South Yorkshire a mediados de la década de los setenta, cuando la cada vez más debilitada Inglaterra pre-Thatcheriana se resolvía entre protestas sindicales, reformas y cuestiones pre-europeístas varias.
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En Doncaster tenían poco que perder. Con un equipo acostumbrado a deambular sin mucho éxito por las diversas categorías de la Football League sin haber conseguido jamás en toda su larga historia trascender del segundo nivel, cualquier estímulo en forma de inyección económica que hiciera pensar en un futuro alejado de los barrizales era más que bienvenido. Quizá por eso, cuando a finales de la década de los años sesenta con el Rovers anclado en la tercera división y avistando un futuro poco halagüeño, el ayuntamiento de la localidad tomó la decisión de prohibir que el club de fútbol exhibiera como propio el escudo de armas de la ciudad, tradicional emblema durante sus casi cien años de historia, muchos vieron el cielo abierto en lugar de un acto de deshonra. El Rovers no era digno de representar a la ciudad en una región en la que el fútbol es religión y en la que las vecinas Sheffield o Barnsley les miraban por el retrovisor en lo que a asuntos futbolísticos se refiere. O eso entendió el consistorio, cansado de que un club segundón se ocultase bajo la enseña de la ciudad.
Los acontecimientos se precipitaron. Había llegado el momento de dar una nueva imagen al club. Era una ocasión idónea para modernizar la institución, para dar un paso más en su estancadísimo crecimiento. Fue entonces cuando surgió la posibilidad que terminó perpetuándose, cuando ya han pasado cuarenta años. Existen varias versiones al respecto, pero todas acaban desembocando en un origen común. Huérfano de simbología, el Doncaster Rovers decidió aprovechar el tirón y adoptar en su escudo el símbolo de la Rover Car Company, histórico fabricante inglés de vehículos, tras el acuerdo de patrocinio alcanzado con el distribuidor de la marca en la localidad de Doncaster. Hay quien dice que ni tan siquiera hubo un acuerdo comercial, que fue todo un simple capricho del por entonces manager del equipo Maurice Setters, convencido de la fuerza que otorgaría al club una imagen como la del vikingo. Sea como fuere, lo que resulta innegable es que desde el año 1972 la imagen del Rovers quedó indefectiblemente asociada a la impactante efigie del guerrero nórdico
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Y parece que el cambio fue para bien. Tardó un tiempo en dar sus frutos, pero por fin, en la temporada 2007/08, y tras conseguir tres ascensos de categoría en apenas seis temporadas, el Doncaster Rovers alcanzó por vez primera desde la década de los cincuenta la Championship, segunda categoría del fútbol inglés y techo, hasta la fecha, para el modesto club del vikingo. La alegría duró apenas cuatro temporadas. Al término de la pasada campaña, el equipo, último clasificado de la categoría con solo ocho victorias en 46 partidos, terminó precipitándose de nuevo al abismo. Un nuevo paso atrás. Una nueva vuelta a empezar. Siempre, eso sí, bajo la tutela del desafiante vikingo.
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Enfrentar al Madrid en su Tierra parte 11

En la parte ofensiva el equipo solo tiene tres jugadas, todas de manera individual: la magia de Neymar, la zancada e intimidación de Mbappé y el pase de Verratti al espacio a alguno de los dos. Colectivamente el equipo me dejó una imagen muy mala. Ahora bien, las tres jugadas son “simples” pero qué peligro tienen las tres. 

En la zona defensiva constantes regalos para el rival. Los extremos solo replegaban cuando el Madrid ya llevaba un rato con la posesión del balón en el campo del PSG, sino tardaban en llegar mucho y los pobres laterales tenían que arreglárselas para no ser desbordados una y otra vez. Por un momento pensé en lo que podría haber hecho Sané y el City contra este rival. 
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Sobre Émery. Para mí acertó en lo de Cavani/Meunier. Dani hizo una grandísima segunda parte. Allegri se dio cuenta que este último DA marca diferencia como interior y sin responsabilidad defensiva. Es un jugador enorme. Ahora bien, Zidane vio lo que pasaba con el PSG y sus extremos (Alves en la segunda parte) y pegó a Asensio para dar amplitud y hacer el 2vs1. AQUÍ está el fallo de Unai. El no reaccionar a la reacción de Zidane. Perdió el partido en esta acción. El equipo pedía el cambio de Di María por Alves. 
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Lo que yo culpo a Emery es en la imagen colectiva del equipo. Mbappé y Neymar, sobre todo Neymar, son dos jugadores que no necesitan grandes ayudas y mecanismos para sembrar pánico. De ahí que marcasen diferencias a pesar de que su equipo les dio muy, muy poco.
Llegó el gol de Rabiot en la primera escapada de especial K, y el Madrid es cierto que no se arrugo. La fase central fue un Madrid desordenado incapaz de desordenar y un PSG ordenado esperando que le cayera (del cielo) el balón a alguno de sus jugadores determinantes. 
El cambio de Menieur de Emery en el minuto 66 mejoró al PSG. Le otorgó 12 minutos en la fase caliente de un partido en los que literalmente aplastó al Madrid contra las cuerdas. Tres ocasiones de gol claras y una sensación de que el Real Madrid estaba esperando el estoque de descabello. Alves le dio superioridad en el centro del campo y el Real Madrid fue incapaz de recuperar, salir o respirar. Los cambios de Zidane llegaron MUY tarde. Fue MUY lento en reaccionar. La reacción fue la de siempre cuando las cosas van mal. Con lo que no reconozco la inteligisima lectura del partido de Zidane. Juzgar los cambios por el resultado es una cábala. El acierto de Zidane fue quitar a Casemiro que por otro lado está haciendo una temporada muy lejos de la del año pasado. El error de Emery tras el cambio de esquema de Zidane a su reflejo fue no quitar a Lo Celso por Di Maria. 

El 4-4-2 dio orden, tranquilidad y sentido al Real Madrid. Y eso, contra un PSG que siendo un equipo de Emery es todo lo contrario a lo común fue suficiente. 3-1. En un mal partido de dos equipos muy lejos de lo que deberían ser. Lo mejor fue el resultado, en lo que fue, en mi opinión un partido desastroso del Real Madrid que pudo terminar como el rosario de la aurora. 
Creo que era Bielsa quien decia que juzgar un partido por el resultado en lugar de por el juego es un error. Sin juego, los resultados siempre serán peores a la larga.

Septima

El 20 de mayo de 1998, el Real Madrid recuperó su memoria. Mucho se ha leído y escuchado sobre el sentido histórico y hasta mitológico de la noche de La Séptima, y este texto no ahondará en tan escrita Leyenda; casi dos décadas después, y a un día de que los dos clubes que se midieron en Amsterdam se vuelvan a ver las caras en una gran Final, lo que se va a pretender será analizar futbolísticamente qué hubo detrás del gol de Pedja Mijatovic que significó la derrota del, con poca discusión, mejor equipo del mundo.
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Era la tercera final consecutiva de la Juventus. Se sabía todas, se sentía superior e infundía un respeto fundado. Marcelo Lippi había construido un sistema de dibujo oscilante que cambiaba del 5-2-1-2 al 4-3-1-2 según la posición adoptada por Angelo Di Livio, el típico soldado italiano de toda la vida que en el proyecto de Capello representó Mauro Camoranesi y en el de Conte, el primer Claudio Marchisio. Cuál formación de las dos se veía esbozada no dependía, como sucede en muchos equipos de hoy, de si la Juve tenía o no el balón, sino de las características del rival y el momento de los partidos. Según ello, Di Livio se abría y bajaba para hacer de carrilero en una línea de cinco defensas o subía y se cerraba para formar triángulo con Deschamps y Davids en la medular y liberar al holandés para que sorprendiera con sus incursiones por el carril central. Esta versatilidad táctica era uno de los rasgos más característicos del claro favorito al título. Los otros dos, la brutal intensidad en la presión y el fútbol de Zinedine Zidane.

Heynckes temía al actual técnico del Real Madrid y optó por cambiar de posición a Seedorf y Karembeu en pos de limitar su ascendencia. Se suponía que Christian, que conocía a Zidane de la selección bleu y tenía más experiencia que Clarence, podía hacer mejor labor defensiva al lado de Redondo en el doble pivote, y por ende, el emblemático tulipán, que todavía era un niño aunque ya hubiese ganado una Champions con el Ajax, pasó a la banda derecha. Tanto él en esta como Raúl en la izquierda empezaron el partido muy, muy abiertos. Y así, Zidane protagonizó un arranque de encuentro que dejaba claro que él era El Rey. Masacraba la nuca de Redondo y Karembeu. Los tifosi, en la grada, cantaban el nombre del artista porque, viéndolo, quedaba toda la pinta de que les iba a regalar su tercera Copa de Europa.
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Sin embargo, Fernando Hierro sobrevivió. E hizo sobrevivir. En 90 minutos en los que Roberto Carlos, Redondo, Seedorf o Raúl completaron actuaciones muy normales, alejadas del nivel que exhibirían tras la legitimidad que les profesó precisamente La Séptima, el central malagueño protagonizó un partido como para presentar oposición no a mejor central del momento, sino a mejor futbolista del planeta.  El fútbol vintage suele decepcionar a quien lo visita porque se jugaba más lento y con más simplicidad, pero la Final de 1998 es una excepción. Revisionar la Final de la Séptima es admirar a la Juventus, enamorarse de Zidane y elevar a Fernando Hierro a los altares más exclusivos de este juego. Se han visto muchas cosas en los últimos 20 años, pero no a otro central jugar como este hombre aquella noche en el Amsterdam Arena. El Madrid moderno es hijo de lo que él hizo allí.

Siguiendo Sombras

¿Cuál es la mejor manera de defender? ¿Cómo parar a ese jugador brillante que nos trae de cabeza? ¿Qué hacemos para mejorar nuestra defensa sin perder efectividad en ataque? Estás preguntas son tan viejas como el mismo juego. Las respuestas, sin embargo, van a variar tanto como las fechas en que las formulemos. En 2017 es casi impensable la existencia de un marcaje individual, no ya específico, sino en casi cualquier circunstancia del juego. Pero, ¡ay si preguntásemos en los 60 en Italia! O en una tarde nublada de noviembre a las afueras de Wembley. O en esa tarde nublada de noviembre a las afueras de Wembley después del partido. O durante el Inglaterra-Escocia que lo inició casi todo. Nadie tiene una respuesta definitiva. El marcaje es puro fútbol. Cuestión de opinión, pero sobre todo de evolución.
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AL PRINCIPIO FUE LA ZONA

Es habitual relacionar el fútbol clásico con marcajes individuales, pero si nos vamos al inicio del juego descubriremos, no demasiado sorprendentemente, que la zona se utilizaba desde el comienzo del juego. Con aquellas delanteras pobladísimas y las exiguas líneas defensivas, la posibilidad de marcar al hombre ni se discutía. La zona, aunque parezca increíble por ser símbolo de modernidad, es el estado natural del marcaje en el fútbol. Así se empezó a jugar en el siglo XIX y así se volvería, con más o menos reticencias, durante el siglo siguiente. Hemos usado la palabra natural de manera intencionada, por cierto. Piénsalo, cuando estás jugando un partido con tus amigos, si un tipo pasa cerca de donde tú estás, lo natural es echarle un ojo. Si tienes que seguirlo hasta cuándo va a echar un trago de Gatorade es, generalmente, porque hay alguien influyendo en tu forma de jugar. Ese alguien suele ser el entrenador. O llegado a ciertos niveles un periodista. El marcaje al hombre, pues, viene por influencia de los que están fuera del rectángulo de juego.
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Con la evolución del fútbol y los esquemas tácticos las líneas de los equipos, aunque permanecen predominantemente atacantes, se tienden a equilibrar. Y cuando en los años 30 el entrenador de uno de los mejores equipos del mundo decide retrasar a su mediocentro hasta convertirlo en un tercer central dando inicio al famoso W-M, el advenimiento de la era del marcaje individual se confirma. Hablábamos del entrenador y la prensa como los mayores ejemplos de injerencia en la naturalidad del fútbol. Y en esa época, nadie tenía más poder que Herbert Chapman, entrenador y arquitecto del Arsenal. Chapman creó un módulo a su estilo y, como todos los ganadores, creó escuela. Y esa escuela ganadora captó adeptos, especialmente en los medios de comunicación y en las directivas. De repente, la W-M era innegociable. Se jugaba así o no se jugaba, y la uniformización del juego, sobre todo en las Islas Británicas -que al fin y al cabo eran las que cortaban el bacalao a nivel mediático y en los despachos- alcanzó niveles insospechados. El marcaje individual había llegado casi sin hacer ruido. Todo el mundo jugaba igual, los equipos encajaban como un guante, y cada jugador tenía su rival asignado en el campo. Era una constante batalla uno contra uno. El lateral derecho buscaba a su extremo, el mediocentro a su centrocampista ofensivo, el central a su delantero centro. Ni que decir tiene que cuando los dorsales hicieron su aparición el emparejamiento fue aún más automático. Y los futbolistas se convirtieron en autómatas. Dejaron de pensar a tales niveles que un simple cambio de dorsal, descuadraba a un equipo. ¿Quiénes eran esos transgresores, esos tramposos, que ponían el 9 a un central y el 4 a un delantero centro? “¿Voy a arriesgarme yo a cometer un error saliendo a buscar al jugador que lleva el número que supuestamente debería perseguir? No, nunca. Que lo decida el míster”.

Un lugar para Rabiot

La eliminatoria entre el París Saint-Germain y el FC Barcelona, entre otras cosas, evidenció con bastante precisión la naturaleza actual del talentoso Adrien Rabiot. Mientras en el Parque de los Príncipes exhibió su gran calidad técnica y creativa hasta el punto de convertir cada pequeña ventaja táctica en una jugada de peligro, en el Camp Nou fue incapaz de ofrecerle alguna solución a su equipo. Y restó.

Es cierto que aquel día ningún futbolista parisino, a excepción de Di María, demostró estar por encima del contexto, pero seguramente el caso de Rabiot fue uno de los más destacados. En parte, como con Thiago Silva, porque ya no era la primera vez que sucedía algo parecido. Años atrás, ante el Chelsea ya se vio un contraste similar.
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La base de la jugada, el lugar al que debe apuntar su carrera sí o también, es todavía un espacio que le cuesta dominar en ciertos términos. Su calidad, su talento y su técnica no desaparecen por jugar más atrás, pero a Rabiot sí le cuesta más darles un sentido práctico. A veces le falta tiempo, a veces le falta espacio. Y esta falta de agilidad y fluidez no hace sino evidenciar que, a día de hoy, ni es un iniciador ni tampoco un director de juego. No es Thiago Motta, pero tampoco Marco Verratti. Por eso, aunque sus virtudes le van a permitir exhibirse en ciertos escenarios, como el del 4-0 ante el Barcelona, donde directamente pasó por encima del mismísimo Messi, en la mayoría de encuentros jugar atrás le suele perjudicar.
Afortunadamente para él, a París ha llegado uno de esos futbolistas que reorganizan el mapa neuronal de cualquier equipo. Porque con Ney todo es diferente. Y mejor. Una de las primeras consecuencias de su fichaje ha sido la recuperación de parte de la importancia que el centro del campo parisino había perdido con la marcha de Blanc.

Por ejemplo, ahora tanto Thiago Motta (93->97) como Marco Verratti (87->103) dan más pases por partido. Pero esto, quien más lo está notando, es obviamente el centrocampista que juega más cerca del brasileño. Adrien Rabiot, que ya juegue en un 4-3-3 o en un 4-4-2 siempre ocupa el perfil izquierdo, ha pasado de promediar 64 pases a promediar 86. Y no sólo eso. Su ascendencia sobre el juego, su impacto en las jugadas, siempre es mayor. Especialmente cuando es el interior más liberado de un centro del campo de tres. Ahí, ejerciendo casi como mediapunta, Rabiot es el medio que Neymar suele utilizar para llegar a los muchos finales que imagina su mente.
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Jugador interesante, pero que pienso no terminara jugando de pivote porque su virtudes sobresalen mas como interior, por cómo entre otras cosas, lo que dice quintana, se relaciona mas con neymar. Aunque emery parece que está probando a Draxler de interior izquierdo, así que si esa idea tiene continuidad rabiot lo tendría mas difícil incluso para ser titular, supongo que veremos durante la temporada cual sera el 11 titular de los parisinos (en invierno podrían pasar cosas).